top of page

Mecanismos del miedo 
Donde el cine de terror encuentra al instinto

La sala está en silencio. En la oscuridad, una puerta se abre lentamente. Contienes la respiración y, de pronto, un golpe de sonido te sacude. El sobresalto es inevitable, pero no apartas la mirada; quieres más.

El corazón se acelera, la mente anticipa lo que viene y completa lo que no ve. Lo que parece una amenaza se transforma en entretenimiento.

Hay algo en esa sensación que resulta imposible de ignorar: ese punto entre el peligro y el control. Algo que el cine ha aprendido a provocar con precisión. No solo se ve, se siente.

 

«La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido».

H. P. Lovecraft

La naturaleza del miedo: entre la pantalla y el instinto

El miedo habita en nosotros desde el origen de la especie. Es una señal de alerta que se activa ante el peligro y nos empuja a actuar antes de que la amenaza nos alcance.

 

Esta amenaza desconocida no siempre está afuera, a veces se manifiesta cuando algo que parecía familiar deja de serlo, viene de un lugar cercano, más incómodo y más difícil de nombrar, cuando aquello que permanecía reprimido encuentra una forma de mostrarse.

 

En ese sentido, el cine de terror no solo habla de monstruos, fantasmas o asesinos, también habla de los deseos, miedos y pensamientos que normalmente evitamos mirar.

 

El cine de terror representa estas amenazas, pero el miedo no ocurre únicamente en la historia en la pantalla, también ocurre en el cuerpo, en el espacio y en la forma en que miramos.

 

¿Te atreves a mirar?

Ingeniería del terror: cómo diseñar experiencias

En palabras de Román Gubern, el cine de terror forma parte del “folklore” de la sociedad moderna, al igual que los monstruos como Drácula, Frankenstein, el hombre lobo, etc., y funcionan como mitos contemporáneos que condensan temores colectivos y tensiones sociales. No son simples invenciones: son reflejos simbólicos de una época.

 

En la Guía Definitiva del Cine de Terror hacemos un recorrido por la historia del cine de terror y los miedos que han acechado a la humanidad.

En El cine de terror (1993) Carlos Losilla señala que la experiencia cinematográfica tiene algo de onírico: un estado en el que el espectador, inmóvil y envuelto en la oscuridad, se enfrenta a imágenes que oscilan entre lo real y lo irreal. Sentado en la sala, sin posibilidad de intervenir, observa. No hay control ni hay interacción, solo la mirada, como si se tratara de un sueño compartido, donde la frontera entre lo que vemos y lo que imaginamos se desdibuja. Antes de asustarnos, el cine ya nos ha puesto en una posición vulnerable. El miedo es producto de una construcción sensorial. Más allá de sus figuras, lo realmente decisivo es la forma en que el cine logra que esas fantasías se sientan reales. Estos relatos inverosímiles pueden provocan emociones verdaderas en el espectador, si se muestran de la manera correcta. «Un susto en el cine es como un truco de magia: el mago te distrae con una mano y con la otra está sacando la carta: distraer al espectador y de repente sacar el susto». Rigoberto Castañeda El director de Kilómetro 31, la película mexicana de 2006, Rigoberto Castañeda, recibió al equipo de Ver para Temer para desentrañar los secretos del horror en pantalla, desde una perspectiva cinematográfica. Entre figuras de monstruos clásicos y algunos props de sus cintas más aclamadas, desde la silla del director, nos cuenta los pilares de un buen susto en pantalla. En primer lugar, la construcción de un universo verosímil es la puerta de entrada; esto no tiene que ver con que sea realista, tiene que ser creíble. A pesar de tratarse de relatos abiertamente inverosímiles, el espectador los acepta como verdaderos.  “Hay una sensación general cuando creas un universo en donde cualquier cosa puede ser una amenaza brutal”. Eso, para Rigoberto, es lo más importante. “Los siguientes mecanismos para llegar a un susto son secundarios”. Rigoberto nos plantea un par de escena para ilustrar los recursos narrativos que utiliza dentro de su arte: el sonido y la prolongación de eventos reales. El sonido “Quiero que no haya música, que haya silencio, pero no absoluto, que haya sonidos específicos que estén presentes durante toda la escena. Si yo te hago ese sonido donde hay un sujeto que está nervioso, en medio de la noche, en una carretera, buscando a una niña en medio de los matorrales, te va a incrementar el suspenso y es un sonido simple, pero que te crea tensión.” Recuerda algunas de las melodías icónicas del cine de terror en este ranking de Música Maldita. Prolongar eventos reales  “Abrir una puerta y que no haya nadie, y que vuelvan a tocar y siga sin haber nadie. Se trata de jugar con los ángulos en la misma escena: jugar con los gestos y movimientos, para darle más suspenso con la construcción”. Una acció que tomaría cinco segundos, en una película de terror puede extenderse a treinta. “Tienes que intentar retener lo más posible a tu espectador con la amenaza”. Encuentra la entrevista completa con Rigoberto Castañeda en el canal de YouTube de Ver para Temer. El éxito de un susto en la pantalla grande no solo depende de la dirección, el sonido y el montaje, también es un trabajo de actuación. Para profundizar en las complejidades de la interpretación, hablamos con Norma Lazareno, una de las actrices protagonistas de Hasta el viento tiene miedo; en entrevista, nos comparte su experiencia al trabajar con uno de los mayores exponentes del cine de terror mexicano, Carlos Enrique Taboada. «El miedo que teníamos se pudo transmitir al público sin grandes efectos especiales, solamente el ruido del viento». Norma Lazareno Desde su camerino de teatro, la actriz que dio vida a Kitty en la película, reconoce los retos del cine de terror: “Hay una línea muy delgada entre hacer el ridículo y provocar miedo”. Es aquí donde la preparación, la proyección y el ritmo juegan un papel muy importante. “Era una cuestión de actuación dirigida por un director… él necesitaba que las actrices llegáramos con cierto temor, con cierta idea de que realmente estaban sucediendo cosas sobrenaturales”, explica. Para lograrlo, el director Carlos Enrique Taboada diseñó una estrategia inesperada: intervenir la realidad del set. Objetos que desaparecían, elementos que cambiaban de lugar, situaciones inexplicables que involucraban incluso al equipo técnico. “Entonces el director logró que nosotras llegáramos al set con la idea de que algo no estaba funcionando normalmente… que efectivamente estábamos viviendo en un ambiente de miedo, de sorpresa”. El resultado fue un tipo de terror que no dependía de lo explícito, sino de la sugestión.  Décadas después, la lógica ha cambiado. La tecnología ha transformado la manera de representar el horror, volviéndolo más visible, más inmediato. Sin embargo, algo permanece: la relación entre lo que se muestra y lo que el espectador completa con su imaginación. “Antes las películas dejaban volar la imaginación del espectador, ahora ya es gráfico… es auténtico, pero simplemente tenemos que adaptarnos a la época”, nos comenta Norma. Acércate a la experiencia actoral de Norma Lazareno en la entrevista completa, disponible en el canal de YouTube de Ver para Temer. Retomando la idea de Gubern sobre el poder onírico del cine: el tiempo se dilata, lo imposible se vuelve aceptable. Del mismo modo que en los sueños, el espectador no cuestiona la lógica de lo que ocurre: la vive. De ahí que el terror resulte especialmente eficaz en este medio. No solo muestra lo desconocido, sino que sitúa al espectador en un estado en el que está más dispuesto a enfrentarlo. El miedo no proviene únicamente de lo que aparece en pantalla, sino de las condiciones que hacen posible creer en ello. Al respecto, Rigoberto Castañeda señala que “el cine de horror se presta para hacer universos mucho más profundos, interesantes y creativos”, en comparación con otros géneros que requieren de un realismo puro, como el drama. “En el cine de horror puedes ser más estético, puedes elaborar más esa realidad”. Aún en escenarios cotidianos, este género permite elaborar la realidad más allá, para ofrecer algo más al espectador: “puedes irte dos pasitos más allá y poner una luz roja que tintinea siempre”, cierra Rigoberto. Más allá de los recursos técnicos o narrativos, el terror sigue dependiendo de quien lo experimenta. Porque incluso detrás de la ficción, hay una verdad difícil de ocultar: el miedo solo funciona cuando se siente real.  «La gente busca estas películas para sentir adrenalina, que al final de cuentas al soltarla, salen liberados». Norma Lazareno Explora nuestras recomendaciones de películas mexicanas de terror en nuestros canales oficiales.

Esme editada básica casa abandonada.jpg

Programados para sobrevivir:
la necesidad de sentir miedo

Si el cine es capaz de sumergir al espectador en un estado cercano al sueño, donde la lógica se suspende y las emociones se intensifican, entonces la pregunta es inevitable: ¿qué ocurre exactamente en nuestra mente cuando sentimos miedo frente a una pantalla? ¿Por qué buscamos voluntariamente una experiencia que, en otros contextos, evitaríamos?

 

En conversación con la doctora Alicia Vélez García neuropsicóloga especialista en emociones de la Facultad de Psicología de la UNAM, exploramos cómo el miedo, lejos de ser una simple reacción emocional, es un mecanismo complejo que involucra percepción, memoria y placer.

 

En primer lugar ella nos explica que la reacción de las personas ante el cine de terror dependerá del contexto social, emocional o psicobiológico de cada individuo “cada quien experimenta una emoción que puede ser el resultado de su propia experiencia” menciona. 

 

«El miedo históricamente se ha conocido como una emoción que nos ayuda a preservarnos como especie, como individuos; el miedo es un sensor que te dice que algo no está bien».

Alicia Vélez

 

El miedo funciona también como un método de activación en el cerebro que te activa para buscar protección. Pero no puede explicarse desde un solo ángulo: Es una combinación de lo que pasa en el cerebro (psicobiológico), lo que siente el cuerpo (psicofisiológico), lo que pensamos (psicológico)… y el contexto en el que ocurre todo, como la experiencia de ver una película en la oscuridad.

 

Haz un recorrido por los diferentes miedos que ha afrontado la humanidad y las películas que los han acompañado en nuestra Guía Definitiva del Cine de Terror. 

 

La doctora Vélez explica que el cerebro responde muy rápido ante situaciones de riesgo, ya que las emociones se procesan en menos de un minuto. El cine logra que el miedo se sienta real, porque el cerebro responde como si realmente estuviera en peligro.

Esa activación involucra múltiples sistemas. “Se activa una serie de vías asociadas a la respuesta del miedo”, señala. A nivel químico, el proceso implica la liberación de sustancias como la adrenalina, la noradrenalina y la dopamina, que modulan la intensidad de la reacción y mantienen al cuerpo en estado de alerta. A nivel fisiológico se traduce en cambios físicos como la aceleración del pulso, la sudoración o la tensión muscular. Respuestas mediadas por estructuras como la amígdala, el hipotálamo y regiones del tronco encefálico, encargadas de detectar el peligro y preparar al organismo para actuar. Sin embargo, esta activación no ocurre de forma aislada. El cerebro sigue procesando la información en paralelo. “Llega a una zona de activación prefrontal que dice: ‘esto no es real, esto no te está pasando’”, explica la doctora. Esta evaluación cognitiva permite reinterpretar la amenaza y regular la respuesta inicial. En ese momento entran en juego dos sistemas complementarios: el sistema simpático, que activa al organismo, y el parasimpático, que actúa como un mecanismo de regulación. “No es un proceso lineal, el cerebro trabaja en redes paralelas; mientras unas regiones se activan, otras analizan la situación”. El resultado es una experiencia ambivalente: el cuerpo se prepara para reaccionar, pero al mismo tiempo se mantiene bajo control. “El cerebro detecta riesgo, pero también puede modular esa respuesta cuando el contexto indica que no hay peligro real”. ​ Es precisamente esta doble activación la que permite que el espectador permanezca en la experiencia. La amenaza se siente real, pero está contenida, y es ahí, entre la activación y la regulación que aparece algo inesperado: el placer. Enfatizando la generación del placer a partir de una experiencia terrorífica, la doctora explica que “hay muchas maneras de experimentar miedo placentero, por ejemplo la gente que hace deportes extremos, claro que hay miedo pero hay un control de la situación, entonces eso le da paso al placer… ya viste que todo está bajo control entonces puedes experimentar ahora eso.” Sin embargo, no todos los espectadores experimentan el terror de la misma manera. Para algunas personas, la respuesta de miedo no se traduce en placer, sino en rechazo. ​ Como explica la especialista: “hay personas que son aversivas por ejemplo al malestar, al dolor, a la incomodidad, entonces van a rechazar eso, de entrada ni siquiera van a tolerar ir a ver una película de terror… ¿por qué? porque a lo mejor conecta mucho con lo adverso sin permitir evaluar que eso no está ocurriendo.” En estos casos, la experiencia deja de ser un juego controlado. La activación emocional se mantiene, se intensifica o se conecta con recuerdos y asociaciones personales, haciendo más difícil tomar distancia de lo que ocurre en pantalla. “Si tú te metes en el personaje, si te metes mucho en la trama, claro que empiezas a experimentar… nuestro cerebro está asociado con historias, con experiencias”, añade. ​​ Así, las diferencias individuales, la personalidad, la sensibilidad emocional o la experiencia previa, determinan si el terror se vive como entretenimiento… o como algo que simplemente no se puede tolerar. Incluso dentro del género, las representaciones del monstruo son diversas. Escucha nuestro Atlas del Miedo, donde exploramos los subgéneros del cine de terror y su relación con los miedos humanos. El cine de terror no ofrece una experiencia única, sino un rango de respuestas posibles: desde el rechazo hasta la fascinación. Todo ocurre en ese equilibrio inestable entre lo que sabemos y lo que sentimos. Sabemos que no es real, pero el cuerpo reacciona como si lo fuera. Sabemos que estamos a salvo, pero el miedo aparece de todos modos. Quizá por eso volvemos, porque en la oscuridad de la sala, frente a una amenaza que no puede tocarnos, encontramos una forma extraña pero profundamente humana de sentir… sin consecuencias. Por otra parte, de acuerdo con la psicología conductual, disfrutamos el cine de terror porque no solo tiene qué ver con lo que sentimos sino cómo aprendemos a enfrentarlo. En entrevista con el maestro en psicología conductual Jorge Bazán Muñoz, nos explica que el cine de terror puede funcionar incluso como una herramienta de entrenamiento emocional. “Cuando hay trastornos de ansiedad utilizamos la exposición… por aproximaciones sucesivas hacemos que la persona se enfrente a los estímulos que teme”, señala. En ese sentido, una película puede convertirse en un espacio controlado donde el espectador se acerca gradualmente a aquello que le genera miedo. ​ «El cine de terror se puede utilizar como una herramienta para estar dispuestos a experimentar el malestar… y desarrollar estrategias de afrontamiento». Jorge Bazán Más que eliminar la incomodidad, el objetivo es aprender a tolerarla, añade. Así, el terror no solo provoca una reacción, también puede entrenar la forma en que respondemos ante ella. Esta lógica también ayuda a entender por qué los grandes temores colectivos suelen transformarse en historias y monstruos. Ver el miedo a través de una narrativa lo vuelve más manejable. “Las personas suelen manejar de manera más sencilla cuando lo vemos en algo que está lejano”, explica. La estructura misma del relato: inicio, clímax y resolución; permite contener aquello que en la realidad resulta caótico o incontrolable. De este modo, los monstruos no aparecen al azar, “estos monstruos están ligados propiamente a lo que sucede en el contexto”, señala, recordando cómo distintas épocas han proyectado sus propias ansiedades en la pantalla: desde fantasmas y vampiros, hasta escenarios más recientes marcados por pandemias o avances tecnológicos. Explora un siglo de cine de terror y su relación con los miedos de diferentes décadas en la Guía Definitiva del Cine de Terror de Ver para Temer. Sin embargo, esta relación con el miedo también tiene límites. El mismo mecanismo que genera placer puede volverse problemático si deja de ser regulado. “Es como una montaña rusa… hay un nivel de activación que es agradable, pero cuando ya no lo es, empieza a generar disfunción”, advierte.  Finalmente, las diferencias individuales vuelven a aparecer. No todos buscan el terror por las mismas razones, ni lo experimentan igual. “Hay ejes de personalidad… las personas más impulsivas o abiertas tienden a buscar más estas experiencias, mientras que otras más conservadoras tienden a evitarlas”, explica. Pero si desde la psicología el miedo puede entenderse como un proceso que se aprende, se regula e incluso se entrena, en el cine hay alguien encargado de provocarlo. ​ Síguenos en todas nuestras redes sociales como @verparatemer y conoce todos los universos que conforman la experiencia del cine de terror y por qué la disfrutamos.

No mires atrás y síguenos en nuestras redes

Únete al club del terror

  • TikTok
  • Facebook
  • YouTube
  • Instagram
bottom of page